¿Open data o closed data? ¡Depende!
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Por @paolaolmosvente Todo lo que dábamos por establecido está cambiando de manera vertiginosa. Y un tema que parece estar especialmente agitado, o al menos cuestionado por todos, es el vínculo entre las personas y los datos; “the data”. Nos encontramos en un momento singular y sin precedentes. Un momento en el que quizás en parte gracias al debate en torno a la futura Ley de Transparencia, ya es vox populi que España es el país más opaco de Europa respecto al acceso a datos públicos y donde se necesita con urgencia la aprobación de esta ley. Los ciudadanos empiezan a ser conscientes de que el conocimiento y tratamiento de cifras públicas no es un privilegio, sino un derecho de todos que, de haber existido antes, es probable que hubiese ahorrado a este país muchos males políticos y económicos. Open data, please. Aquí también: (personal) open data please. Entretanto emerge otra idea transgresora entre los ciudadanos: el derecho a poseer nuestros datos como consumidores y a venderlos a marcas que los consideren relevantes. Antes, las compañías que poseían data del cliente creían ingenuamente que poseían al cliente. No se daban cuenta de que los mercados necesitan compradores y vendedores para funcionar y que las personas necesitan productos y servicios de la misma forma que los productos y servicios necesitan a las personas. Y así han empezado a aparecer plataformas que empoderan al cliente, facilitándole herramientas para que interactúe con las marcas de forma que ambos se beneficien. Este cambio de paradigma en la relación consumidor – marca ha sido bautizado en Harvard Law School como VRM (Vendor Relationship Management) y se considera una evolución respecto al ya muy deslucido Customer Relationship Management. Este artículo se publicó también en Yorokobu, la revista favorita de Ideas for Change.
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